una valenciana en Oporto

Porto es la segunda ciudad en número de habitantes de Portugal y uno de sus principales motores económicos. Gracias a la ruta de ryanair, Valencia y Porto pliegan el mapa de la península acercando los extremos y de donde podemos encontrar grandes paralelismos y tomar ejemplos en cuanto gestión turística, promoción del diseño propio, respeto por el patrimonio y la intervención en centros históricos.

La forma más habitual para llegar a Porto será mediante avión al aeropuerto Francisco San Carneiro que se encuentra al norte de la ciudad. Una línea de tranvia-metro te acerca hasta el centro de la ciudad y su estación más importante de metro, la de Trindade. Todo queda alrededor de Trindade por lo que un hotel cerca de esta estación nos garantizará una estupenda movilidad no sólo con el metro si no incluso andando.

En el mapa he ubicado una serie de puntos reseñables en la ciudad y su entorno para, a continuación, desarrollar unos cuantos de ellos. El criterio de la selección está influenciado por el hecho que sea arquitecta pero, Oporto es una ciudad que se puede disfrutar a muchos niveles y el arquitectónico es sólo uno de ellos. Las obras de arquitectura son de una calidad tal que no hace falta ser un amante de la arquitectura para poder valorarlas y enriquecerse con su visita.

Si teneis sugerencias para complementar el mapa os dejo el email: sugerencias@merxenavarro.com

Visitas recomendadas

  1. Piscinas das Marés en Leça de Palmeira y Casa da Chá. Leça da Palmeira (Matosinhos). Alvaro Siza.

Pues sí, suscribo a Pedro Torrijos en su artículo de JotDown: “Si van a Oporto y solo pueden ver una cosa, visiten las Piscinas Das Marés de Alvaro Siza“, ampliando a la cercana Casa Da Chá que se encuentra a unos 15 minutos paseando paralelos al Atlántico. Ambos proyectos son de Alvaro Siza en su primera etapa. Matosinhos es una población al norte de Oporto, se puede llegar por metro-tranvía con la línea 1 parando en la parada Mercado. De ahí, hasta las piscinas son unos 20 minutos andando atravesando el río Leça por el puente levadizo.

El proyecto del restaurante, el primero de ambos, lo desarrolló formando parte de un equipo dentro del estudio de Fernando Tavora. El encargo fue por mediación de un concurso en el que sobresalió su propuesta gracias a la elección del emplazamiento, una especie de dique natural de roca a una cota sobre elevada respecto al paseo. Esta misma topografía condicionaría el aspecto formal del edificio ya que se adapta perfectamente a ella dando como resultado un edificio que dialoga con el océano y la roca. El estudio de la materialidad, el trabajo con los artesanos y obreros de la época, el trabajo con la orografía permitieron la perfección de la técnica que se aplica en el proyecto posterior de las piscinas. El restaurante es uno de los mejores de la zona con un precio en consonancia.

En el caso de la piscina, el encargo de su realización era de un ingeniero, hermano de Tavora, que fue contratado por la dificultad que entrañaba construir en este entorno. A medida que paseamos junto a la línea del mar podemos comprobar que el Atlántico tiene fuerza, mucha más de la acostumbrada en nuestro tranquilo Mediterráneo. Ésta fue la principal motivación para la construcción de unas piscinas naturales de agua salada sobre el océano. La costa escarpada y el fuerte oleaje justifican la construcción de estas piscinas para facilitar el baño y ampliar el disfrute del océano un mayor numero de días al año. El proyecto fue creciendo de los vasos de las dos piscinas de agua salada incorporando servicios e infraestructuras hasta completarse en el complejo actual finalizado en 1973.  La materialidad queda delimitada por el agresivo entorno marino en cuanto a la perdurabilidad de los materiales, maderas recuperadas, hormigón, cobre, bronce y acero inoxidable. La estructura de la cubierta, con vigas de madera entrelazada con nudos de extrema belleza, diferentes juegos de entradas de luz dictados por la privacidad de los espacios, la permeabilidad visual entre el agua y el paseo incrustando el edificio en la roca, la perfecta ejecución consiguen que este proyecto sea un motivo en sí mismo para visitar Oporto. El acceso de día a las piscinas en temporada alta es de 6€ por adulto entresemana y 8€ los fines de semana.

2. Museo Serralves, Alvaro Siza y Parque y Fundación Serralves, Charles Siclis y Marques da Silva.  Porto

La Fundación Serralves es un ejemplo de cómo el arte contemporáneo puede convivir en una ciudad con una tradición tan marcada en sus calles y su carácter gracias a un apoyo estatal. Paseando por toda la ciudad podemos ver la relevancia que tiene el Arte Contemporáneo en el día a día de su funcionamiento en una de sus vertientes, el StreetArt.

La Fundación Serralves, fundada en 1989 utiliza como primera sede la Casa Serralves, una vivienda de 1930 con un cuidado estilo Art Decó proyectada por Charles Siclis y Marques da Silva para el Segundo Conde de Vizela en la Avenida Serralves. La villa, que fue adquirida por el estado luso en 1987 para la futura sede del museo de arte contemporáneo, se encuentra dentro de unos de los jardines más grandes y hermosos de Oporto donde podemos encontrarnos hasta una pequeña granja rodeada de peonías de todos los colores. El jardín original data de finales del siglo XIX y durante la década de los 30, con la construcción de la villa, Jacques Gréber se encargó del proyecto de jardinería y paisajismo continuando con el carácter Art Decó. Incluyó un lago de un estilo más pictórico en la zona intermedia entre la villa y la granja. En el recorrido de los jardines podemos encontrarnos piezas escultóricas de arte contemporáneo incluyendo una de Richard Serra en las proximidades del museo. En la recepción del museo, nos proponen diferentes recorridos por los jardines dependiendo del tiempo que dispongamos para transitarlos. Sin duda, algo de lo más recomendable.

En 1991 la Fundación Serralves encarga a Alvaro Siza la construcción del Museo Serralves que resolvería el acceso al complejo, albergaría las colecciones de arte contemporáneo, exposiciones temporales, cafetería y biblioteca además de las necesarias zonas de gestión administrativa de la Fundación. El museo abre sus puertas en 1999. Como seña del arquitecto, sus proyectos hablan con su entorno y, en este caso, el volúmen blanco sale a recoger al visitante al camino de acceso mediante un pasillo exterior cubierto. Una vez se inicia el recorrido, sus lucernarios de mesas invertidas que difuminan la luz, las salas que se incrustan entre ellas haciéndonos ver que el exterior condiciona en parte la relación interior, los destellos del jardín introduciéndose en los espacios con usos compatibles como la biblioteca o la cafetería, los magníficos detalles de artesanía y saber hacer arquitectónico como el no-apoyo en la escalera de acceso a la cafetería dan idea del carácter de Siza. La exposición que se propone es desde una amplia concepción del arte contemporáneo, no sólo artistas plásticos, videoartistas escultores e incluso arquitectos que interactúan con el espacio y que son invitados a formar parte del programa de la Fundación. Con todo ello, permite a la Fundación ser una de las instituciones de arte contemporáneo más importantes a nivel europeo.

Existe una entrada combinada para visitar la Fundación (museo, casa y jardines) con la Casa da Musica por 10€ que se puede adquirir en la taquilla de cualquiera de las dos visitas. El coste de la entrada del museo y el parque son 8.5€ por lo que recomiendo la opción de comprarla combinada junto a  Casa da Musica, ambas no se encuentran alejadas y pueden combinarse en un mismo día de verano. Los domingos por la mañana tienen entrada libre. En verano, los jueves y viernes hay visitas guiadas en castellano de 15 a 16h. Sin duda, otra visita imprescindible si visitas Oporto.

3. Estación Casa Da Musica, Souto de Moura. Casa Da Musica, OMA. Porto.

En menos de un kilómetro cuadrado nos encontramos dos premios Pritzker, Eduardo Souto de Moura con la estación de metro de Casa da Música y Rem Koolhaas (OMA) con el auditorio de Casa da Música. Ambos construidos en el transcurso de menos de una década y que completaron el paisaje de esta zona de la ciudad con dos piezas que dialogan entre sí. Souto de Moura es el responsable de las estaciones de metro repartidas por la ciudad y en ésta concretamente podemos ver un resumen de los elementos empleados en ellas, cubiertas que se pliegan para convertirse en paramentos verticales, entradas de luz cenital a través de grandes lucernarios, planos que sobrepasan su ámbito para servir de señalización de acceso o de recepción del usuario. Respecto a la materialidad, el uso de la cerámica dialoga con la tradición que impregna a Oporto en todos sus rincones pero desde un punto de vista menos saturado y más neutro.

Desde el exterior de la estación podemos ver el perfil de la Casa da Musica de Koolhaas ubicada en la Avenida da Boavista recayente sobre la plaza Mouzinho de Albuquerque. La avenida atraviesa la ciudad desde el océano hasta casi el corazón de la ciudad, en la plaza de la República. En su entorno se conmemora mediante un obelisco el final de la guerra de la independencia de Portugal por lo que tiene una importancia histórica en la ciudad. Los edificios restantes con los que comparte la “fachada” de la rotonda-plaza, adaptan la suya propia a la curvatura por lo que la forma exenta, retirada y facetada de la Casa da Musica es uno de las señas que añade presencia en el entorno. El auditorio acoge la orquesta nacional de Oporto y en su programa alberga otra sala de concierto de menor dimensión que la principal así como numerosas salas de ensayo. Completa el programa independiente de la sala de conciertos, una cafetería, la administración, pequeña tienda vinculada al hall y una terraza exterior. A pesar de la forma de diamante del volúmen total del edificio, los dos auditorios tienen forma rectángular y se entrecruzan en el interior del mismo. Esto genera una serie de espacios residuales donde se encastra el resto del programa y las circulaciones combinando rampas, ascensores y escaleras. La sala principal hay dispuestas en sus extremos dos grandes ventanales que introducen la ciudad en el interior haciéndola partícipe de su uso. En la parte superior hay una pequeña terraza que sirve de mirador a la ciudad con un baldosado en forma de damero blanco y negro como guiño a la tradición cerámica de Oporto. Otro punto donde se puede ver este gesto es en la sala VIP de la sala principal donde, en este caso, es cerámica pintada a mano la que coloniza el espacio. Hormigón, piedra natural, vidrio y acero son los principales materiales empleados en el edificio junto con la ya mencionada cerámica. Merece la pena la visita ya que a pesar de no haber llevado al límite la transgresión formal del exterior y las circulaciones al elemento principal del edificio, la sala de conciertos, podemos encontrarnos con un divertido juego de reflejos y visuales que hacen atractiva su visita.

4. Estación de Tren San Bento, Marques da Silva, Mercado de Bolhao, Correia da Silva y Antiga Casa da Câmara, Fernando Tavora. Porto.

Aunque pueda parecerlo, no sólo de Álvaro Siza vive Oporto. De hecho, hay otros grandes arquitectos en el pasado cercano de la ciudad que la han configurado en gran parte en lo que es hoy. No sólo dejaron su impronta en la configuración urbana si no que también alguno de los edificios más hermosos que podemos visitar hoy. Empezaré por Marques da Silva, ya hemos visto parte de su obra en la Casa de Serralves, una de sus últimas obras. Portugués de nacimiento, formado arquitecto en Paris a finales del siglo XIX regresa para llevar a cabo los proyectos de Portugal para la Exposición Internacional de Paris de 1900, levantar edificios tan importantes como el Teatro Nacional o la estación de Trenes de San Bento cuyo germen de proyecto formaba parte de su proyecto para licenciarse arquitecto en Paris. De aquí se puede ver la influencia de arquitectura francesa de finales del XIX así como la introducción de nuevos sistemas constructivos para la época como la estructura metálica. Una funcional forma de U y la combinación de materiales nobles como el granito y más austeros como la cerámica refuerzan la creación de una nueva forma de construir.

El caso de Antonio Correia da Silva es similar al de Jose Marques Da Silva. Una vez iniciada su formación técnica en Oporto, viaja a Paris para completarla y titularse arquitecto allí. Una vez regresa a Oporto, es nombrado arquitecto municipal por lo que recae el proyecto del mercado de Bolhao hacia 1911.De esto se deduce también la influencia francesa en la configuración y detalles del mercado. Es un mercado de grandes dimensiones que ocupa una gran manzana rectangular con una fuerte pendiente. Consta de dos alturas, un gran patio central hacia el que se vuelcan los negocios de la primera planta y torreones que señalan sus 4 esquinas. Los comercios se ubican tanto en el interior del mercado, en ambos niveles, como en el exterior a nivel pie de calle. La comunicación vertical se produce por medio de escaleras que parecen un catálogo de tipologías sobre ellas, metálicas, de piedra, de ida y vuelta, en caracol, rectas e incluso monumentales. Estructura metálica, hormigón para refuerzo estructural y cubiertas metálicas así como el empleo de la cerámica portuguesa como acabado en los paramentos verticales muestran la variedad de técnicas constructivas empleadas en el mercado. La combinación de puestos fijos y móviles enfatizan el movimiento que genera el propio uso del mercado. También es de notar lo económicos que son los productos que se venden en el mercado, por lo que se puede aprovechar la visita para comprar algo de fruta para el almuerzo.

Fernando Távora inicia a mediados del siglo XX la investigación sobre el verdadero significado de la arquitectura portuguesa revisitando la casa portuguesa y valorándola despojándose de los sentimentalismos con el fin de establecer unas premisas comunes en todo el país y que pudieran servir de base para su futuro arquitectónico moderno. Estas premisas también fueron de vital importancia para la ejecución de rehabilitaciones, como es el caso de la Casa da Camara. Este proyecto se ubica junto a la catedral y para su construcción fue necesaria la demolición de los restos de la antigua Torre del antiguo ayuntamiento que se encontraba en estado ruinoso desde el siglo XVIII, desde la época medieval ambos poderes, laico y religioso, se encontraban uno junto a otro para reforzar la idea de dominación de la ciudad por su ubicación sobreelevada respecto a las viviendas, por lo que fue muy controvertida durante su construcciones a mediados de los años 90. A pesar de la dificultad del desarrollo de la ejecución debido a la inestabilidad de la zona por su estado ruinoso y la contra de no tener un programa ni uso concreto, el proyecto de la Casa Da Camara puede considerarse una revitalización de un enclave, el de la catedral, que se encontraba en desuso y arruinado mediante el uso de una arquitectura dialogante, que consigue la doble escala arquitectónica, frente a la ciudad, y la urbana a la plaza por la que se accede. Interpreta su contexto sin repristinar la preexistencia y trabajando como elemento urbano vertebrador de un espacio olvidado.  Fue también el mentor de Alvaro Siza, por lo que la arquitectura portuguesa y mundial le debe aún más que un ejemplo de intervención.

Los tres proyectos se encuentran muy próximos entre sí, por lo que se puede ir de uno a otro caminando. No obstante, las recomendables horas de visita son diferentes. El mercado, por su horario de apertura, deberá visitarse por la mañana mientras que la estación está abierta durante el día. La casa da Camara tiene unas vistas espectaculares sobre el atardecer de Oporto por lo que recomiendo la visita para esta hora. También se encuentra cercano el acceso al tablero superior del puente de Luis V por lo que se puede aprovechar la cercanía para disfrutar de una panorámica sobre todo el Douro.

5. Viviendas colectivas de Saal-Bouça, Alvaro Siza. Porto.

Tras la Revolución de los Claveles de 1974 se instaura un programa para vivienda obrera llamado SAAL. Con él se pretende dotar de vivienda digna a un gran número de portugueses que viven en condiciones insalubres y con carácter chabolista. La fórmula empleada en los SAAL es la combinación de los futuros usuarios de las viviendas con los técnicos que las diseñarían y gestionarían (arquitectos, ingenieros, sociólogos, economistas, trabajadores sociales, etc). El proyecto de estas viviendas, cercanas al centro de Oporto, fueron uno de los pocos que se completaron dentro del programa pero con el fin abrupto del mismo quedó sin finalizar con apoyo gubernamental y fue finalizado por sus moradores. La disposición de las viviendas son una de las premisas a destacar ya que el vehículo queda fuera de la zona residencial generándose un espacio de relación entre los vecinos. Por otro lado, en el límite de la pequeña ordenación se disponen pequeños equipamientos que dotan de independencia a la comunidad. La modulación de las viviendas preexistentes y que configuran el carácter del barrio de Bouça se introducen como medida de las nuevas introduciendo continuidad y familiaridad en los moradores. El escaso presupuesto y los sistemas constructivos sencillos vienen marcados por la autoconstrucción mediante la cual se llevaban a cabo estas construcciones. La vivienda en hilera se accede de forma puntual en las viviendas dúplex de planta baja y en acceso por corredor en el dúplex superior teniendo ambas doble orientación. Huecos sencillos, ritmo marcado por las sombras de los muros y las barandillas de las escaleras junto con la saturación de colores en los equipamientos complementan los elementos que identifican estas viviendas. Es una visita que todo arquitecto debe realizar, y si no eres arquitecto puede interesarte el ver de cerca una forma diferente de construir comunidad.

6. Compras en Oporto. A vida Portuguesa, Librería Lello y  Rua Miguel Bombarda.

Sólo hay que darse una vuelta alrededor del mercado de Bolhao o ponerse frente a la bifurcación de las calles das Flores y Mouzinho da Silveira para ver la importancia de los negocios a pie de calle en esta ciudad. Un cuidado diseño de los locales más antiguos de la ciudad hacen que no sea extraño el mimo que tiene el diseño en general de la ciudad, elementos de comunicación del ayuntamiento o señalética así como la de los locales privados. La cerámica pintada a mano llevada a las fachadas de los edificios de viviendas y bajos comerciales, así como las iglesias o edificios públicos. Pasear por las calles comerciales de esta ciudad, es un placer para la vista.

En cuanto a visitas obligadas de negocios en Oporto no podemos irnos sin pasar por A vida portuguesa y a su vecina Libreria Lello. Ambas se encuentran a escasos metros del Museo de Historia Natural, así podremos compensar nuestra alma consumista con una visita cultural a escasos metros. Localizar la Libreria Lello es fácil, frente a su puerta se forma una cola a lo largo de todo el día con el fin de visitar la biblioteca de Harry Potter. Durante la visita normal, gratuita, no se permiten hacer fotos y, de hecho, es imposible. Una serie de empleados se pasean por la tienda ojo avizor de alguna cámara de móvil “despistada”. Para poder fotografiarla hay unos horarios especiales de visita que suponen un mínimo coste y un horario reducido de visita.

Dos locales más allá nos encontramos con A vida portuguesa, una cadena de tiendas con un marcado y cuidado carácter que sirve productos típicos portugueses desde juguetes, mobiliario, ropa e incluso conservas y vino. Una delicia en la que pasar horas y horas.

Otro punto de referencia para compras en Oporto es la Rua Miguel Bombarda, en ella podemos encontrar todo tipo de galerías de arte contemporáneo, ropa y mobiliario vintage y de diseño y para hacernos la ruta de compras más estimulante, la calle está salpicada por diversas obras de streetart que complementan la experiencia haciendo esta visita más que recomendable.

7. Rio Douro.

El río Douro (Duero) nace en Soria desembocando en Oporto y siendo navegable a su paso final por su poca pendiente. Esta condición ha favorecido al negocio vinícola dado que mediante unas barcazas se transportaba la uva recogida desde las Quintas que se encuentran en el valle del Douro, para transportarla a las bodegas ubicadas en la orilla sur de la ciudad. Ahora este mismo recorrido apenas se realiza con fines industriales y es principalmente utilizado para el turismo. Cerca de estas bodegas podemos encontrarnos sus tiendas-bar donde poder probar el dulce vino de Oporto que no emplean únicamente como vino de postre si no para regar todo tipo de comidas. Además, desde este lado, las vistas de la ciudad medieval iluminada de noche son impresionantes.

En la orilla más cercana al casco histórico también se encuentran gran número de restaurantes de corte más turístico aunque merece la pena tomarse algo en sus terrazas por las impresionantes vistas que se pueden disfrutar del río y la orilla de las bodegas. También muchos de ellos se han esculpido en la roca por lo que tienen una morfología que no deja de ser curiosa de ver.

Otro atractivo del río son sus puentes, desde el puente de Luis I podemos tener dos perspectivas de la ciudad, una más cercana al río y otra desde el tablero superior del arco donde casi podemos ver hasta la desembocadura del río unos kilómetros más abajo. Este puente absorbe gran parte del trafico entre las dos orillas y podemos atravesarlo andando o con un transporte público. El ingeniero proyectista, Théophile Seyrig era socio de Gustav Eiffely también se encargó de diseñar el puente de Maria Pia, un poco más abajo del río Douro.

Podemos recorrer su margen con el tranvía de la Linea 1 en el que se emplea un tranvía eléctrico del siglo XIX restaurado. Una vez cerca de la desembocadura podemos disfrutar de las vistas del océano Altántico que se abre ante nosotros. Durante el recorrido podemos ver la Facultad de Arquitectura diseñada por Alvaro Siza y bien merece hacer una parada para visitarla.

8. Miscelánea.

Al encontrarnos en una zona costera y con un río tan caudaloso no debería extrañarnos la presencia de las gaviotas por toda la ciudad.

El streetart gubernamental mediante la decoración de las cabinas telefónicas inglesas por artistas locales. En general la ciudad tiene un nivel de StreetArt a considerar por lo que debemos estar con los ojos atentos mientras recorremos sus calles.

La línea 1 del tranvía que recorre el río Douro hasta su desembocadura tiene unas máquinas restauradas de finales del siglo XIX, puede aprovecharse el recorrido para parar en el Museo del Tranvía que se encuentra a mitad de trayecto.

La cerámica portuguesa inunda la ciudad y todo tipo de construcciones. Un deleite para la vista y el tacto. Los colores vibrantes inundan el paisaje inoculándonos alegría a cada paso. Puede ser una elección de souvenir original si vas sobrado de espacio y peso en la maleta.

Se puede comer en Oporto por precios muy económicos, una de las paradas ineludibles es comerse una Francesinha en el Majestic. Para acabar con una de ellas hay que estar concienciados y con hambre, mucha. Por cierto, los domingos cierran. Otro plato típico de la zona son las sardinas asadas, recomiendo a la vuelta de unos largos en las Piscinas das Marés parar en el puerto de Matosinhos y pedirlas junto a patatas y encurtidos aderezado con un  vino turbio. Si el baño nos ha dejado fríos, también preparan caldos caseros a base de alubias, espinacas y acelgas que entonan a cualquiera. Para los locos del café como yo estáis de enhorabuena, en Portugal es excelente, fuerte y aromático. En Oporto podemos entrar sin miedo a cualquier bar y pedir un café, son baratos y no decepcionan.

La amabilidad y simpatía de los porteños, el buen hacer de los tenderos y camareros otorgan una calidad superior a la experiencia de visitar una ciudad que te acoge desde el primer momento y te hace sentir como parte de ella. La larga relación histórica con sus idas y venidas con Inglaterra se deja ver en varios elementos de la ciudad, costumbres e incluso en el alto nivel con el que hablan inglés la gran mayoría de los portugueses.

Gracias a todo ello y mucho más, Oporto es una ciudad en la que sólo poder visitar una cosa es una auténtica ******.

Fotografías, Mercedes Navarro.

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